
Entrevista a Mikayla para pulse.
De adolescente, Mikayla Jackson era una rebelde. La cantante admite hoy haber cambiado y por fin se hace cargo de cada una de sus responsabilidades, pero revive aquellos tiempos oscuros con toda la autoridad de su voz en rehabilitación, donde nos regala las más grandes variaciones musicales.Mikayla empieza a cantar sobre treparse a la H gigante del cartel de Hollywood
No habías anticipado
anda de tu último álbum antes de lanzarlo ¿Cómo sabes que estás lista para
editar un disco nuevo?
Mi problema no es comenzar, es detenerme. Incluso cuando ya debería
haber terminado un disco, quedo entusiasmada y siempre quiero agregar una
canción más, y después otra. Si al final no existiera ese momento de la mezcla
para acaparar mi atención, seguiría escribiendo. Por ejemplo, dos de las
canciones del disco nuevo fueron compuestas mientras estábamos terminando el
anterior.
No puedo evitar trabajar, amo estar en el estudio, me siento bien ahí
adentro. Hace cinco años que uso el mismo lugar en Los Ángeles, trabajo con el
mismo equipo, con Rick Nowels como productor. Pasamos nuestra vida entera ahí,
en modo gang.
Entonces no conocés
el síndrome de la hoja en blanco.
Es un temor que me agobiaba antes de empezar a grabar mis primeros
discos. Lo tenía más presente antes de ser conocida, cuando grababa solo por
placer, cuando escribía sola, en mi casa. Tenía la certeza de que la
inspiración iba a abandonarme, y me ocurría seguido, a veces pasaba seis meses
sin escribir. Pero estos últimos diez años encuentro la inspiración con
facilidad, o más bien ella me encuentra a mí.
Aprendí a estimularla.
Particularmente rechazando la soledad, saliendo con amigos, mirando lo que
pasa, sin estrés. Me grabo todo el tiempo con mi teléfono, melodías, frases… es
un poco escalofriante, debo tener setecientos borradores de canciones en mi
celular. Sé por experiencia propia que si escucho una melodía en mi cabeza,
tengo que correr a buscar mi teléfono para registrarla, incluso de madrugada.
Una buena melodía no te golpea la puerta dos veces.
Mis desafíos no son más físicos, acepto los riesgos de otra manera. A los
dieciocho, manejaba como una loca, me iba de gira y no dormía durante días
enteros. Era más libre, más espontánea, no pensaba en las consecuencias… Hoy tengo
más responsabilidades, con mis parientes, compañeros… Estoy obligada a predicar
con el ejemplo, a llegar temprano cuando me esperan… En el pasado tenía
demasiado trabajo conmigo misma para mantenerme viva, antes de tener tiempo
para ocuparme de los otros. Con lo que me arriesgo en 2017 es con las melodías,
con mis elecciones musicales. Pasé de inconsciente a nerd…
Creo que a veces es dejarte llevar
por qué clase de música es la que a ti te gusta y hacerla del modo que tú
quieras sin considerar en anda el mercado actual. A mí me gusta mucho el indie,
pero esas canciones que no siempre tienen un ritmo pegadizo y se fijan más en
la letra no siempre triunfan, solo muy pocas bandas como arctic monkeys.
¿Te volviste más
paciente con el paso del tiempo?
Sí, lo hice. Hoy me dedico mucho más tiempo a mí misma. Puedo ir al
estudio cuando quiera, a cualquier hora, no tengo que soportar más la presión
de un deadline. Digamos que me dejé llevar un poco por “Lust for
Life”… Trabajamos con esa canción muchos días por semana durante un año y
medio. Pasó por todas las etapas. Empezó teniendo una línea futurista y
sombría à la Blade Runner. Después decidí volverla más
alegre, a la Shangri-Las… Después de un par de meses, Abel (Tesfaye, alias
TheWeeknd) se nos unió para aportar su impronta. La canción se volvió mi bebé,
un bebé incontrolable y maléfico que me volvió loca. Entendí rápidamente que el
álbum sonaría como un mix, como un viaje interior.
A mi alrededor, en el medio artístico, todos compartimos el mismo
sentimiento de incertidumbre, de duda frente al tono y al discurso que
surgieron. Las mujeres en particular, el asunto de esta canción, son las más
afectadas, las apuntadas desde la llegada de Trump. Había escrito esa canción
antes del comienzo de las marchas, que parecían inevitables. La retórica del
odio no es digna de un jefe de Estado. El día siguiente a las elecciones presidenciales
fue uno de los días más duros de mi vida. Vine igual al estudio, para hablar
con el resto. Hacía meses que hablábamos solamente de eso, profundamente, de lo
que nos iba a pasar. Leíamos todo, quería estar informada, quería ver si podía
aportar algo. Lamentablemente no tengo otra cosa que mis convicciones para
ofrecer.
¿Quién te enseñó a
tocar la guitarra?
Iván Ramírez, el guitarrista de Faylay en nuestros años de pareja, antes
de Faylay.
¿Cómo vivís el
comercio de tu música?
Tengo una confianza absoluta en mi equipo, que siempre me protegió de lo
que me pusiera en una situación incómoda. Pero viendo mis comienzos, de dónde
vengo, viví durante mucho tiempo el marketing como un sacrilegio. Hoy me lo
tomo más relajada. Por ejemplo, aunque la sonrisa sea sarcástica, yo no hubiera
nunca, hace un par de años, sonreído de la manera tan abierta como lo hago en
el video de “Love”… Esa sonrisa es una mezcla de alegría sincera, de alivio… y
de ironía.
Tu música es ideal
para los viajes en auto. ¿Tenés recuerdos de largos viajes en familia y de la
música que sonaba?
En el auto mi padre escuchaba constantemente los Beach Boys. A tal
punto que se vestía con una camisa hawaiana, ¡incluso en invierno! Cuando era
chica mis padres dejaron Nueva York para vivir en las montañas de Adirondacks,
a seis horas al norte de la ciudad. Dos veces por año hacíamos un viaje largo a
Florida, de tres días en auto. Yo, que odiaba el frío de Adirondacks, adoraba
ese viaje, me quedó grabado.
Me encantaba el calor que llegaba a medida que atravesábamos los dos estados de Carolina. Me veo en la parte de atrás, estrujada junto a mi hermana más chica, soñando todo lo que íbamos a hacer juntas una vez que llegáramos a Florida. Veo también los restoranes pegados a las estaciones de servicio, las mozas simpáticas… Una vez que llegaba, durante dos semanas no salía del mar.
Me encantaba el calor que llegaba a medida que atravesábamos los dos estados de Carolina. Me veo en la parte de atrás, estrujada junto a mi hermana más chica, soñando todo lo que íbamos a hacer juntas una vez que llegáramos a Florida. Veo también los restoranes pegados a las estaciones de servicio, las mozas simpáticas… Una vez que llegaba, durante dos semanas no salía del mar.
Hablando de
criaturas venidas de otro planeta, hace poco colaboraste con Alex Turner y
Miles Kane, de The Last Shadow Puppets…
Son realmente graciosos, dos chiflados. No viven muy lejos de mi casa, en
Los Ángeles. Empecé a juntarme con The Last Shadow Puppets dos veces por semana
en el estudio de Miles del barrio Los Feliz, para tocar porque sí. Después nos
vamos todos juntos a cenar a La Poubelle. ¡Qué equipo! No puedo decir la
cantidad de veces que terminé en el piso de tanto reírme. Son capaces de
hablarse solo cantando, improvisando las palabras.
Por ejemplo, la otra noche le comentaba a Miles el concierto de Joan Báez que venía de ver. Él nunca había escuchado siquiera hablar de ella. Alex le tomó el pelo creando una canción que cantaba a los gritos: “Miles doesn’t know who Joan Baez is”… Nadie, nunca, está a salvo de sus bromas y de su humor disparatado. Cuando los conocí, por fin tuve la impresión de conocer músicos que viven solo para la música, que piensan solo en eso. Cantar con ellos es revitalizante, ni siquiera necesitan ensayar, se encuentran de inmediato.
Por ejemplo, la otra noche le comentaba a Miles el concierto de Joan Báez que venía de ver. Él nunca había escuchado siquiera hablar de ella. Alex le tomó el pelo creando una canción que cantaba a los gritos: “Miles doesn’t know who Joan Baez is”… Nadie, nunca, está a salvo de sus bromas y de su humor disparatado. Cuando los conocí, por fin tuve la impresión de conocer músicos que viven solo para la música, que piensan solo en eso. Cantar con ellos es revitalizante, ni siquiera necesitan ensayar, se encuentran de inmediato.
Me abrí al resto. Pero la mayor parte del tiempo dialogo conmigo misma. Y
sin embargo me siento menos apartada, menos diferente que los otros hoy en día.
Tengo la impresión de finalmente estar más conectada al mundo. Es
reconfortante. A partir de ahora puedo analizar mi vida, mi adolescencia, con
suficiente indiferencia.




No hay comentarios:
Publicar un comentario